En mi lucha por la igualdad de la mujer en todos los ámbitos y por romper estereotipos, estrenamos entrada con esta lista que te hará salir de casa y pedirle matrimonio a la primera motera que te encuentres por el camino. En el mundo de las motos, me he encontrado a las mujeres como endiosadas y si son moteras, todavía con más razón. Pero ¡oh sorpresa!, todos los artículos y escritos están mayoritariamente destinados a los hombres, dejando a la mujer a un lado, como es habitual en esta sociedad. Por eso, reivindico que las mujeres también somos moteras, que sabemos leer mapas (seguro que algunas sí, yo personalmente…), que diferenciamos entre izquierda y derecha (me excluyo del grupo, adiós) y sobre todo, ¡que las mujeres moteras somos increíbles! ¿Te faltan motivos? Aquí van 10:

1. ¡Domingos y domingas libres!

Las mujeres moteras somos las más atrevidas de nuestro género. Sólo por el simple hecho de asumir el riesgo y la pasión de ir en moto, ya merece la pena. Los domingos cobrarán sentido con una motera ya que ¡es día de ruta asegurada! Aunque muchas aprovechamos para salir de rutita entre semana y que dejar que el airecillo refrigere a nuestras domingas.

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Cuando vamos paseando nuestras gemelas y vemos un motero buenorro… ¡A la caza!

 

2. Estamos buenorras con la ropa de moto (que ya es decir)

Vamos, no hay ropa más ortopédica que la ropa de moto, en especial, en una mujer. Olvídate de las películas porno que ves en Pornhub o los anuncios de una súper motera en traje de cuero con unos tacones de aguja. Eso, querido, no existe en el mundo real. Las moteras llevamos monos de cuero con chepa totalmente mata-pajas o con una chaqueta que nos hace tener más hombros que tú y todos tus primos del pueblo juntos. Si te giras para mirarnos el culo, lo único que verás será un gran cinturón (¿de castidad?) que nos protege de hacernos pupa en el pompis. Por eso, cuando sales con una mujer motera, lo que importa es el interior… de su traje de moto.

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Cuando vemos a un motero y nos imaginamos que debajo de ese súper traje habrá algo así.

 

3. Somos súper atrevidas

Vengo del mundo de la pornografía (como periodista) y jamás me había encontrado con mujeres tan atrevidas como somos las moteras. Nunca. Somos de esas que se levantan un sábado con las neuronas cruzadas y con la menstruación a punto de asomarse y decimos: “¡Vámonos de acampada a los Alpes!”. Sí, en pleno mes de Noviembre y sin material de acampada. Pero vamos, la excusa es coger la moto y largarnos. Y da igual que te quieras venir. Las moteras somos autosuficientes (como la mayoría de mujeres, añado) y nos vamos te guste o no. Nos encanta probar cosas nuevas y estamos siempre riéndonos y disfrutando la vida como ninguna. Y si somos así en nuestro día a día… Imagina en el sexo. Estamos muy acostumbradas a estar encima de máquinas. Pero de verdad.

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“Veo que necesitas mi ayuda. ¿Quieres encontrar a la chica de tus sueños? Busca una motera.” Clippy siempre tenía razón. Siempre.

 

 

4. Amamos el motor

Si te las quieres dar de listo con una mujer motera… Lo tienes claro. Nosotras sabemos lo que significan palabras que a muchas les sonará a chino tales como ralentí, centímetros cúbicos, kilovatios y un largo etcétera. Estamos atentas a todas las novedades en el mercado de las motos y conocemos todas las marcas y sus limitaciones. Es más, muchas conocen todos los modelos y son grandes fanáticas de las carreras como la Moto GP. Así que, chaval, poco tienes que enseñarnos del mundo de las motos. A menos que seas mecánico, entonces te has convertido en nuestro nuevo mejor amigo.

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“Sí yo también soy motero. Llevaba una 49cc con el tubo de escape trucado cuando era joven”. Aham, adiós.

 

 

5. “¡A ella le gusta la gasolina!”

Si no sabes qué regalarle a tu motera para esa fecha señalada tan importante, es fácil. Nos gustan las mismas cosas que al resto de mujeres terrenales pero aumentando el nicho a las cosas que les gustan a los hombres. Para dejarlo claro, regala cosas para nuestra pequeñaja. Desde un casco molón nuevo hasta un traje o chupa de cuero, pasando por esas botas de moto que son puro amor. A muchas con una entrada al circuito y quemar rueda ya son felices. ¿Qué es eso de que “los diamantes son los mejores amigos”? Dame dos ruedas y una carretera.

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Somos divinas. Así, sin más.

6. ¿Gimnasio? ¡JA!

No sabes lo que es el esfuerzo cuando has intentado levantar tu moto del suelo. Pues bien, a las mujeres moteras nos pasan esas cosas. Y a veces estando solas. Por lo tanto, desarrollamos una musculatura fuera de lo habitual que se centra en nuestro cuello, brazos, abdominales y pie izquierdo. Todo lo demás puede estar mejor o peor, pero sabes que es una motera cuando tiene las manos más fuertes que tú. Controlar una moto precisa de una tensión en todo el cuerpo que solo se consigue en el gimnasio… de la carretera. Curva a un lado, curva al otro, culo a un lado, culo al otro… Y así hasta ser culturista.

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¿Quién dijo pesas?

7. Adoramos las curvas, como vosotros

Nos encantas las curvas. Nos volvemos locas con ellas. Pero eso sí, en la carretera (o quizás también fuera, pero eso ya es privado). Sentir como las curvas se mezclan con nuestro cuerpo a través de esa maravilla del motor es una sensación única. Y si quieres conquistar a una mujer motera, más vale que aprendas esto: jamás llegarás rápido a los sitios. Los itinerarios de montaña van por encima de todo.

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“Cariño, ¿podemos ir por autopista?”. Muere.

8. Olemos a asfalto y eso, pone

Para aquellos que no saben qué son las feromonas, son las conocidas hormonas de la atracción zezual. Se perciben de forma inconsciente pero os pone a tope el c**pote. El olor que emanan el sudor contiene altas dosis de feromonas. Y no sabes cómo sudamos las moteras con el traje de cuero en pleno atasco al mediodía en el mes de Agosto. Eso, querido, es reactivo. Se mezcla con un olor a asfalto y gasolina y eso, es grroooar. Claro que una duchita en ese momento, tampoco nos iría nada mal.

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Definición gráfica del momento “sudada masiva”.

9. Viajamos con muchas menos cosas

Cuando viajas en moto, querido, tienes un espacio muy reducido. Las mujeres moteras tendemos a los “por si acaso” pero de una forma muy diferente. Ejemplo: “Me voy a llevar el traje de lluvia por si acaso llueve”. En muchas ocasiones nos olvidamos de los 300 bolsos y zapatos y somos felices con nuestras botas infernales de la moto. Pero si algún tacón se puede colar, mucho mejor. Llevamos trajes térmicos y camisetas de verano porque conocemos las temperaturas caóticas que se sufren yendo en moto. Pero sobre todo, ¿para qué queremos tantos modelitos si no nos quitamos los pantalones de moto casi nunca?

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Él también lleva maletas en la moto. Muahahaha.

10. Estamos divinas, S-I-E-M-P-R-E

O sea, siempre. A pesar de que acabemos de cruzar un charco de barro y llevemos toda la cara manchada, o estemos con todo el pelo sudado y chorreando. Siempre estamos guapas. Las moteras tenemos una capacidad única: sonreír con una felicidad inmensa. Ya podemos ir con el rimmel corrido (que eso nunca pasará gracias a los espejos retrovisores) o con el pelo hecho un enredo andante, pero la sonrisa nunca la perderemos. Y eso, ¡PELIGRO!, porque roba el corazón de inmediato.

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Aunque ella adorará algo por encima de todo: su moto.

 

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