Ryszard Kapuscinski (1932 – 2007) fue uno de los mejores periodistas de la historia. Un hombre que ha colaborado con medios de comunicación como Times, The New York Times o La Jornada, entre otros. Su extensa carrera se centra sobre todo en los viajes y en las guerras que ha presenciado como corresponsal en casi todos los continentes (Europa, Asia, África y América). Su obra literaria es muy extensa y de una calidad indudable. Aunque una de las más conocidas es Ébano donde relata su estancia en África y sus anécdotas así como los pensamientos más reflexivos y profundos del autor. Para mí, Ryszard Kapuscinski es un imprescindible del periodismo de viajes así como de la literatura internacional. Por eso, os dejo un par de fragmentos que me han encantado y que espero, os gusten a vosotros también y ¡os animéis a leer a este gran periodista!

“He vivido unos cuantos años en África. Fui allí por primera vez en 1957. Luego, a lo largo de cuarenta años, he vuelto cada vez que se presentaba la ocasión. Viajé mucho. Siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios las figuras importantes, la gran política. Todo lo contrario: prefería subirme a camiones encontrados por casualidad, recorrer el desierto con los nómadas y ser el huésped de los campesinos de la sabana tropical. Su vida es un martirio, un tormento que, sin embargo, soportan con una tenacidad y un ánimo asombroso.

De manera que éste no es un libro sobre África, sino sobre algunas personas de allí, sobre mis encuentros con ellas y el tiempo que pasamos juntos. Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos “África”. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.”

Ryszard Kapuscinski en Angola, 1975. Fuente: Gran Imaginador

“El cómo morían los elefantes era un secreto que los africanos habían guardado frente a los blancos durante mucho tiempo. El elefante es un animal sagrado y también lo es su muerte. Y todo lo sagrado está protegido por el más impenetrable de los misterios. La admiración más grande siempre la había despertado el hecho de que el elefante no tenía enemigos en el mundo animal. Nadie era capaz de vencerlo. Sólo podía morir (tiempo ha) de muerte natural. Ésta solía producirse al ponerse el sol, cuando los elefantes acudían a sus abrevaderos. Se detenían en la orilla de un lago o de un río, alargaban las trompas, las sumergían en el agua y bebían. Pero llegaba el momento en que un elefante viejo y cansado ya no podía levantar la trompa y para saciar la sed tenía que adentrarse en el lago cada vez más. Y también cada vez más, sus patas se hundían en el légamo. El lago lo succionaba, lo atraía a sus insondables profundidades. Él, durante un tiempo, se defendía agitándose, intentando liberar las patas de la tenaza del légamo para poder regresar a la orilla, pero su propia masa resultaba demasiado grande y la fuerza del fondo era tan paralizante que el animal, finalmente, perdía el equilibrio, se caía y desaparecía bajo las aguas para siempre.

– Y es ahí – concluyó el doctor Patel -, en el fondo de nuestros lagos, donde se encuentran los eternos cementerios de los elefantes.

Fragmentos del libro Ébano de Ryszard Kapuscinski

Cuando se descubrió que la información era un negocio,
la verdad dejó de ser importante.

R.K

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