Una concentración motera, invernal para más inri, siempre es un acontecimiento marcado en mayúsculas en el calendario de cualquier motero. Pero si además es la primera concentración a la que asistes, la cosa se magnifica considerablemente.

Nos invitaron meses atrás y ante la insistencia de Alex Mora, decidimos aceptar la invitación, aún sin saber muy bien dónde nos metíamos. Pasadas unas semanas caímos de bruces a la realidad: ¡se celebra en Teruel en pleno invierno! Ya no había marcha atrás, nos habíamos comprometido con mucha gente como para arrepentirnos de nuestra decisión de acampar al más puro estilo Stella Alpina. En las semanas previas al evento, pensamos en diversas ocasiones de buscar un hotel y dormir como unos señores, pero somos moteros, así que nos atrevimos a acampar al más puro estilo overlander, tal vez por el espíritu aventurero o por las reflexiones sobre el significado de las concentraciones invernales del gran Isaac Feliu.

Teníamos intención de acudir el viernes para no tener que ir con las prisas de última hora pero un imprevisto nos hizo salir el mismo sábado del evento. Cargamos la moto con los fardos que llevaban un par de días preparados y nos encaminamos hacia Teruel. Habíamos activado el modo cebolla pero ni todas las capas del mundo nos salvaron del frío en el trayecto de ida. Confiábamos en que el TomTom Rider como por arte de magia nos guiara por una hermosa a la par que rápida ruta hacia el destino. Pero como esa combinación es prácticamente imposible, recorrimos demasiadas autovías y el trayecto no fue todo lo rápido que esperábamos. Normal, teniendo en cuenta los más de 500km que nos separaban de la Estrella.

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Llegamos justos para el inicio de la charla de nuestra amiga Olga TT, que a pesar de ser sorpresa, ya estábamos advertidos que sería la Invitada Estrella de la concentración. Buscamos un sitio discreto entre el público y nos dispusimos a disfrutar de su narración del viaje que realizó al Himalaya Indio en verano de 2014. Tal vez la envidia sea contagiosa, o tal vez su narrativa en sí originaba una envidia insana, pero la cuestión es que en la sala se respiraba pura envidia, de la más insana.

Olga empezó la charla con unos nervios que parecían que la fueran a paralizar de un momento a otro, se notaba que era la primera vez que actuaba en público. Poco a poco, vídeo tras vídeo, tal vez por los vítores del público o por la emoción que la fue invadiendo al recordar tan mágico viaje, se dejó llevar y acabo disfrutando como la que más. Desgranó para todos los asistentes las rutas que habían seguido, contó emocionada el momento en que se encontró en plena ruta con su gran amigo Cuco, presente también en la conferencia. La emoción con que contó ese reencuentro, que además le permitió seguir el viaje de paquete por una avería en su Royal Enfield, hizo estallar en aplausos la sala mientras ambos se abrazaban. Tras detallar las rutas seguidas, acompañada de los vídeos de los tramos recorridos, dio por finalizada la charla, lo que inundó la sala en aplausos.

El final de la charla dio paso al habitual corrillo junto a la estrella invitada, al que no pudimos unirnos en esta ocasión, puesto que siendo casi las 9 de la noche, todavía debíamos montar la tienda de campaña. Sin más, nos dirigimos al camping desde el centro del pueblo para buscarnos un buen sitio de acampada.

Buscamos un sitio no muy rebuscado, entre varias tiendas, en plena línea de tiro del viento que azotaba implacable en toda la región. Cuando habíamos montado un par de vientos de la tienda, unos moteros que pasaban por allí nos sugirieron que buscáramos lugar en el nivel inferior del camping, donde el viento soplaba con algo más de benevolencia. Seguimos a pies juntillas la invitación de reubicar la tienda, y tras bajar, acabamos encontrando un hueco tras un bungalow que parecía capaz de hacernos de paraviento con bastante solvencia.

Con la tienda montada y asegurada dejamos los bártulos menos necesarios y nos dirigimos al centro de nuevo, donde habíamos quedado para cenar con unos amigos. Entre ellos se encontraba Olga TT a quien no habíamos podido felicitar tras la charla. Llegamos, buscamos un sitio y nos preparamos para disfrutar de una agradable cena que tras el viaje disfrutamos sobremanera. Los postres llegaron con prisas, nos habíamos demorado mucho y debíamos salir a contemplar el desfile de antorchas en honor a los caídos. Desde aquí nuestros respetos. Como podréis ver en el vídeo, fue un desfile de lo más emotivo.

Tras tomar unas copas y charlar largo y tendido al abrigo de amigos y moteros anónimos, decidimos plegar velas cuando el reloj se acercaba a marcar las 4 a.m..

La segunda jornada, la más importante, amaneció fría. Tal vez dormir bajo cero ayudaba a tener los huesos helados pero sin demora desmontamos la tienda, cargamos la moto y nos dirigimos hacia el pueblo tras desayunar en el camping. No sabíamos cómo llegar a la pista que nos debía llevar hasta la Estrella de Javalambre así que decidimos seguir a algunos moteros de incógnito, con la esperanza que nos guiaran hacia el camino correcto. Tras perder la pista a los moteros, recorridos unos kilómetros nos encontramos con MAF de MTB, quien amablemente nos indicó que ibamos en la dirección correcta mientras acababa de fijar la cámara de su casco.

La subida se hizo más difícil de lo que habíamos esperado, no por lo complejo del terreno puesto que la pista se recorría con cierta facilidad sobre una moto trail, pero el tráfico lento complicaba bastante el avance; debido a la baja velocidad del grupo en más de una ocasión llegamos a temer una caída que por suerte, no llegó a suceder. Llegamos, la cima estaba nevada por lo que se había instalado la zona de entrega a media altura. Nos indicaron dónde debíamos aparcar y, tras varias maniobras logísticas, nos hicimos con un hueco donde dejar descansar a Meridian con seguridad. Tras un largo paseito, largo porque éramos de los últimos en llegar, nos hicieron volver a la moto, donde habíamos dejado el papel que nos acreditaba como merecedores de la XXVI Estrella de Javalambre. Una vez cogido el papelito y volver al punto de encuentro, la estrella, finalmente ¡era nuestra!.

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Tras el sorteo organizado por los patrocinadores del evento encaramos el camino hacia casa de nuevo guiados por el GPS. En las inmediaciones de Zaragoza, la rachas de viento de más de 100km/h laterales nos obligaron a parar, cosa que aprovechamos para recargar pilas y encarar el camino restante. Finalmente y tras muchas horas de oscuridad, frío y viento, la estrella descansaba en casa.

Desde Two and the Road tan solo podemos que agradecer a Moto Club Zona Estival por mantener viva esta magnifica concentración y dar la enhorabuena a todos los poseedores de la vigésimo sexta estrella de Javalambre.

Como siempre, podéis dejarnos un comentario para contaros vuestra experiencia de camino a la Estrella.

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