La cálida brisa del mar nos despertó en nuestra habitación de Sainte Maxime, más tarde de lo que habríamos deseado. Nuestro nuevo destino era Mónaco, previa parada en la vecina ciudad de Niza. Esta iba a ser nuestra última jornada de viaje por tierras galas, y francamente, no lo íbamos a echar de menos.

Hay algo que es denominador común en todos los viajes en moto, independientemente de donde decidas pernoctar: todo aquello que va metido en 3 maletas sobre tu moto, acaba convirtiéndose en un bosque de objetos inconexos a tu alrededor al despertar. No importa que decidas no sacar nada más que lo imprescindible para dormir y asearte, durante la noche los duendes se encargan de esparcirlo todo a tu alrededor (y eso que los tenemos atados, pero ni con esas).

Una vez conseguimos re-empaquetar todo de nuevo y cargar los fardos sobre la moto, pagamos la cuenta del hotel y arrancamos.

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La noche anterior habíamos aprovechado para llenar de pegatinas para la sujeción de la Go-Pro el casco y demás elementos de la moto. Con las prisas de los preparativos, habíamos cargado con ellas en la mochila de las cámaras y no habíamos tenido ni un respiro hasta esa noche para colocarlas. Así que aprovechamos que ese día teníamos pensado recorrer los Alpes Mediterráneos para estrenar plano.

Habíamos encontrado retención en la carretera costera antes de adentrarnos en las curvas que nos llevarían a Cannes, así que, decidimos parar para desayunar. Hacía ya algunos kilómetros que el ordenador de a bordo de la moto daba un mensaje que parecía preocupante, LAMP rezaba dicho mensaje, ¡acompañado del indicador de advertencia! Tras llenar el buche decidimos averiguar a qué se debía dicho mensaje. Tampoco hacía falta tener un doctorado en filología inglesa para deducir que se debía a que una de las bombillas (la de las luces cortas) se había fundido.

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Decidimos seguir sin darle mayor importancia hasta encontrar algún establecimiento de recambios. Pocos minutos después dimos con él. Investigamos un poco cómo reparar la avería, y… ¡bombilla nueva al canto!.

Sin mayor inconvenientes seguimos el camino. Nos adentramos en los Alpes Mediterráneos. Como podréis ver en el vídeo, sus trazados no tenían una dificultad excesiva pero resultaban perfectamente atractivas por sus contrastes. Circulábamos por lo que parecían carreteras de alta montaña, y de repente, nos encontrábamos a los pies de un acantilado a pocos metros del mar. Muy curioso.

Tras dejar atrás las curvas y sin darnos apenas cuenta, nos encontrábamos en Cannes, la famosa ciudad del cine.

Cannes no aparecía en nuestro planning, una auténtica pena. Parecía un lugar muy prometedor, y no solo por sus cristalinas aguas o sus interminables playas. Nos detuvimos al poco de entrar en la ciudad, en el paseo marítimo. Esta playa, al sur de la ciudad, estaba prácticamente vacía. De haber tenido planeado hacer noche allí sin duda habríamos dedicado unas horitas a disfrutar del mar.

Tras admirar un poco el paisaje reemprendimos el viaje. Pasamos sin detenernos frente al Théâtre Claude Debussy (Sede del Festival de Cine de Cannes) y tras un vistazo rápido a su perpetua alfombra roja tomamos rumbo a Menton.

Estábamos ansiosos por llegar a Mónaco. Habíamos pasado en varias ocasiones cerca pero nunca tuvimos la ocasión de visitarlo. Antes de que llegara el momento debíamos hacer el check-in en el hotel de Menton y visitar Niza.

nizamonaco-005

IMG_6744comida-nizaNuestro alojamiento de Menton era un hotel restaurante, de manera que aprovechamos para degustar las “delicatessen” de la región. Bueno, tampoco es cuestión de engañar a nadie, el menú constaba de: Ensalada, calamares a la romana y Brochetas de ternera; así que delicatessen pocas. Pero si de algo sirvió, a parte de para reponer fuerzas, fue para poder estrenarnos en el noble arte de: “Apúntalo a la cuenta de mi habitación Garçón”. A pesar del poco encanto del restaurante, si pasáis por Menton, hacer noche en el Hotel Restaurant De Belgique no sería mala idea del todo.

Se daba también la casualidad de que era la primera vez en todo el viaje que llegábamos a un destino dentro del plan establecido e incluso podíamos comer allí. De manera que habiendo comido y tras una añorada siesta, nos montamos en la moto para dirigirnos hacia Niza. Habíamos planificado el día con más detalle y dejando mayor espacio de tiempo entre nuestras actividades, de manera que pudimos disfrutar con algo más de tranquilidad.

De Niza poco os puedo contar, es una de las principales ciudades del sur de Francia y como tal su tamaño no decepciona, aunque a diferencia de Marsella, aquí sí que daba gusto pasear con tranquilidad por su paseo marítimo incluso tomar un helado sentado en uno de los muchos bancos con vistas al mar. A mí personalmente, tal vez por su estilo arquitectónico o por sus gentes, me recordó bastante a Barcelona pero tal vez con un enfoque algo más playero en toda la ciudad.

Tras pasar un buen rato y echar unas risas regresamos a Mentón para:

1- Cenar a un precio normal

2- Adecentarnos para visitar Mónaco vestidos con algo de decoro.

Habiendo cumplido con nuestras dos misiones de la noche, montamos en la moto. Noemí lo hizo con cierta dificultad ya que llevaba un vestido de lo más elegante a la par que ceñido que tuvo que subirse hasta la cintura tras haberse puesto unos tejanos debajo. Mónaco nos iba a impactar y lo sabíamos.

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FullSizeRenderGrabar en el principado de Mónaco está prohibido por alguna extraña razón, tal vez albergar a la Jet Set más exclusiva dote a sus autoridades de cierta responsabilidad moral con respecto a preservar su intimidad. Fuera como fuese, nosotros estábamos dispuestos a pasar la noche en el calabozo de ser necesario, de manera que ni cortos ni perezosos sacamos las cámaras de la moto y con todo el disimulo que pudimos, empezamos a grabar secuencias para nuestro documental.

Nos habíamos dirigido directamente al centro nocturno de Monte-Carlo, la Place du Casino, a la entrada del Gran Casino de Mónaco. Todos los que como yo seáis fans de James Bond seguramente estaréis algo familiarizados con el Casino Royale, lo que no podía esperarme es que el lujo y glamour que destilaban la historias de Ian Fleming se quedaran cortas al visitar en persona tan mítico lugar. Los coches, las mujeres, los hombres, los guardaespaldas; en pocas películas de 007 se muestra tanto lujo como el que en realidad se respira a la entrada del Casino o de las discotecas colindantes. Aston Martin, Bentley, Maseratti… Los más modestos de la plaza conducían Ferraris, Hummer o Mercedes, a parte de nosotros que nos dejaron colarnos en moto, debía ser porque era BMW…

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Como nos daba miedo acercarnos a cualquier local a pedir un Pastis, tan solo entramos en la tienda de souvenirs del principado para hacernos con nuestra segunda pegatina para la moto (la primera, de Saint Tropez, Noemí la había colocado en el frontal de la maleta) así que esta sería nuestra primera pegatina oficial para las maletas de Meridian.

Hicimos unas cuantas fotos como si fuéramos de la Jet Set, Noemí con su lujoso vestido de Cindy Bangs lo parecía auténticamente, incluso la gente le pedía por favor si podían fotografiarla en la escalinata del Gran Casino. Se formó un cierto revuelo más parecido a un photocall que a una visita nocturna sin importancia. Cuando el revuelo se tranquilizó pude dedicarme yo a hacer fotos.

Ya bien entrada la madrugada, nos dirigimos hacia nuestro hotel de Menton con nuestros egos henchidos tras pasearnos entre la crème de la crème de la sociedad europea.

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Al día siguiente abandonábamos Francia y estábamos ansiosos por descubrir el norte de Italia en moto.

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