Tras algo más de un mes en Indonesia, por fin me he decidido a romper mi silencio. Como los famosos que deciden soltar la lengua tras una ruptura, hoy nos hemos separado del que ha sido durante la última semana nuestro alojamiento “todo incluido” a las afueras de Ubud (Bali). No pretendo hacer de este post una campaña propagandistica, pero pasar una semana aislado rodeado de lujo y con todos los servicios al alcance de tu mano te aleja bastante del mundo real, aunque de vez en cuando se agradece dedicarte algo de tiempo a uno mismo.

Noemi carretera
Noemí en uno de los cientos de viajes hechos a través de la jungla.

De camino a Sukawati, lugar al que hemos regresado a repetir hotel, tras girar en una curva nos encontramos con una de las tantas escuelas de música para niños que pueblan las carreteras y caminos de Bali. No hemos podido evitar detenernos an el arcén, a mirar y escuchar ensimismados a ese grupo de niños. Ninguno superaría los 10 años, había más de 20 y estaban absolutamente absortos cada uno con su instrumento sin ninguna supervisión por parte de ningún adulto. SIN SUPERVISIÓN DE UN ADULTO y además manejando valiosos instrumentos hechos de preciosa madera tallada a mano y metal. El contraste con occidente no podía ser mayor. Encontrar a esos niños cierra el circulo para mí. El primer día que rodamos por Indonesia, bien entrada la noche y acompañado solo por el realizador y el productor ejecutivo de SexRiders (cada uno en su moto) nos encontramos con las versiones adultas de estos niños. Aquella banda (sí, aquello era una banda muy bien sincronizada) llevaban tocando y ensayando juntos 10 años, y creedme, el sonido me perforó de tal manera que me hizo sumirme en una especie de letargo del que desperté hoy, al escuchar el desordenado tañir de los niños con todo un camino por delante en el arte de la música balinesa. En estos 40 días hemos recorrido gran parte de las islas de Java, Madura, Sulawesi y Bali, y creedme, en occidente tenemos mucho que aprender, o desaprender de este enorme país que es Indonesia.

1 La conducción

Llegamos, aterrizamos y nos internaron en un hotel después de 26 horas de vuelo. No sufrimos JetLag, pero los nervios nos comían por dentro. Había llegado el gran momento, y de forma muy distinta a como lo habíamos soñado miles de veces durante los dos últimos años. Sin vaselina, a la mañana siguiente íbamos a recoger nuestras scramblers Malamadre y a rodar por Indonesia. Si, así, sin vaselina.

En los apenas 20 minutos que duró el trayecto en Taxi desde el aeropuerto hasta nuestro hotel, tuve el tiempo suficiente de acojonarme más si cabía. En Indonesia las normas de tráfico son meramente recomendaciones, se conduce por la izquierda, íbamos a movernos en unas motos que no conocíamos rodando un programa de TV y para colmo, mi socia, compañera, amiga, confidente y pareja, se iba a estrenar conduciendo con todos estos atenuantes. Yo mientras tanto intentaba disimular mis propios miedos.

Moto-perro
Transporte canino en moto. En Indonesia es fácil ver transportar cualquier cosa/animal sobre una moto.

Sorprende el respeto y la fluidez con la que se mueven las personas en Indonesia. Aquí cada uno toma las rotondas por donde apetece. Los cambios de dirección y de sentido siempre van acompañados de sus intermitentes (esto es lo primero sagrado que aprendimos) y la bocina no es más que un señal más a la hora de moverse por los maltrechos caminos y carreteras indonesios. Si amigos, aquí bocinear a la gente por la calle no solo no resulta ofensivo (en la mayoria de los casos) si no que hasta se considera una seña de buena educación y respeto para evitar accidentes.

Las velocidades resultan en muchos casos ridiculamente bajas, pero a diferencia que en España, eso parece no estresar a nadie. La gente se detiene en mitad de la calle para dejar pasar a una mujer con la cabeza cargada de frutas, pero nadie se molesta, nadie se enerva, nadie toca el claxon para insultar al amable señor que ha tenido tan educado gesto con la señora. Aquí simplemente se frena y se espera con una sonrisa. Las velocidades son tan extremadamente bajas, que los locales no identifican las distancias o viajes por kilometros, si no por el tiempo que les puede llevar recorrer la distancia según la hora del día.

Y es que aquí, a pesar de la falta de regulación, a pesar de la falta de arcenes o de carreteras de calidad, el trafico fluye. Si, tiene sus riesgos, pero como en todas partes: Allá donde fueres, haz lo que vieres.

2 La basura

40 días y un camión de la basura. Ese sea tal vez el dato más ridículo que hayáis oído nunca, pero creedme, si pensáis venir a Indonesia debéis saber esto: Aquí no se estila el reciclaje, ni tan siquiera es común el uso de las basuras. Ni hablar de servicios municipales de recogida de residuos y basuras.

No, aquí se estilan las hogueras. Al atardecer el aire se empieza a enrarecer. Los primeros días no daba crédito a la repentina niebla que poblaba el aire y que hacia difícil incluso la visión. Al salir de la ciudad, de repente, el aire se despejaba y todo volvía a la normalidad. ¿Niebla en la ciudad? Algo no me encajaba. Nos bastaron unos cuantos pueblos más para darnos cuenta que todos los arcenes de la carretera estaban en llamas. Si, pueblos enteros que te recibían entre humo y llamaradas que surgían de pequeños montículos de hojas, plásticos y papeles a las salidas de las casas. Al no ver a nadie preocupado, al ver a la gente agachados en esa postura tan típica en el sudeste asiático bromeando junto a sus pequeñas hogueras sin demasiado control empezamos a tomar conciencia de que aquí, esa era la norma.

A nadie le preocupa provocar un incendio, al fin y al cabo sus selvas y junglas no arderían ni tan siquiera bajo un intenso fuego de lanzallamas, aquí la humedad mantiene a salvo su biosfera del fuego, pero hablando de biosfera, mejor no hablar. Tampoco parece preocupar a nadie el CO2.

Una hoguera en el arcén sirve para deshacerse de los deshechos del día o de la semana.
Una hoguera en el arcén sirve para deshacerse de los deshechos del día o de la semana.

No es que yo sea un ecologista empedernido (fíjate donde estás, en una web de viajes en moto), pero lo de Indonesia con la basura es demasiado choque hasta para los más dejados. Viajando en moto, y tras más de 3.000km por sus carreteras, hemos visto motoristas tirar colillas, coches tirando papeles e incluso a algún que otro coche de policía dando ejemplo al tirar una lata de refresco semi-vacía por la ventana de su pick-up en mitad del tráfico de Surabaya. No penséis que les preocupa ser visto y lo hacen con cierto disimulo, no, abren la ventana con toda la naturalidad del mundo, arrojan lo que ya no quieren a la calzada sin mirar y cierran su ventana como si nunca hubiera pasado nada malo. IMPRESIONANTE.

3 Las ofrendas y las mezquitas

Cinco son las religiones oficiales de Indonesia (Islam, Catolicismo, Protestantismo, Budismo e Hinduismo). Hasta la fecha hemos explorado en profundidad Java, Sulawesi y Bali. Las dos primeras son mayoritariamente Islamicas, mientras en Bali todavía resiste el último bastión Hinduista de Indonesia.

Nada más bajar del ferry en la isla de Java a tan solo un par de kilómetros de la relajada Bali, el aire se llena con una melodía constante. Poco tiene que ver el caótico tráfico de esta isla de algo más de 148 millones de habitantes censados (sí, es la isla más poblada del planeta y si consideráramos los continentes como super-islas, seguiría siendo la tercer más poblada después de Eurasia-Africa y América), nada más alejado de la realidad. La religión llena el aire de Java en todos sus pueblos, en sus ciudades. Las mezquitas aparentemente siempre vacías, emiten desde las 5 de la madrugada la llamada a la oración tal como marca el Islam.

Para mí era la primera vez que visitaba un país musulman, y ni corto ni perezoso decido recalar en el país con mayor numero de musulmanes del mundo, y con toda seguridad, con el mayor numero de mezquitas. Se pueden recorrer todas las áreas urbanas de Java de mezquita en mezquita dejándote guiar solamente por sus cantos a la oración. Un sonido con el que conviven con auténtico orgullo los javaneses. En los hoteles locales más lujosos no es de extrañar encontrar un Corán forrado en piel junto al directorio de la habitación.

Ofrendas balinesas
Mientras estuvimos en Gayatri Villas de Ubud aprovechamos para interrogar a los locales sobre las ofrendas.

En cuanto el credo balines, el hinduísmo, lo que predomina es el silencio. Sus templos a menudo concurridos por enormes grupos de feligreses vestidos uniformemente en función de la festividad que se celebre, blanco o bien colorido. Mantienen un respetuoso silencio tan solo roto por el oficial de la celebración entonando palabras en balines dirigiendo las diferentes fases de la celebración, desde la purificación hasta las ofrendas. Siempre el silencio. No es por el oído por donde detectar sus ofrendas a los dioses, es a través del olfato mayoritariamente. Sus ofrendas fabricadas artesanalmente en hojas, se realizan diariamente: flores, comida, incienso y el agua arrojada al realizar la ofrenda. Cada casa, cada rincón, cada templo (incluso los domésticos) cuentan con estas ofrendas. Diariamente. Aquellos que no cuentan con altar en su propia casa para realizar las ofrendas, las ofrecen a la entrada de su vivienda, bien sea en un arcén, en la acera, o en el asfalto de la carretera. Todo los balineses hacen estas ofrendas, todos las respetan incluso los animales. Los incontables perros de las islas, famélicos en la mayoría de casos, hacen caso omiso tanto a las ofrendas como a la comida que ellas albergan, y es que aquí lo primero es contentar a los dioses, tengas la forma que tengas.

4 Los baños

De acuerdo, puede que resulte poco decoroso hablar de baños y letrinas en un sitio público como es un blog. Pero si hay algo de lo que nos deberían haber advertido con mayor ímpetu, es sobre los baños de Indonesia.

Tranquilo, si tienes planeado viajar con tu pareja a Bali a disfrutar de unas relajadas vacaciones o de tu luna de miel con todos los lujos, tengo una buena noticia que darte: En casi todo Bali, en especial en los sitos “románticos” podrás visitar el tigre sin temer por la salud de tus partes intimas. Pero ojo, en “casi” todo Bali. La mayoría de hoteles, guest house o homestay que puedas encontrar por menos de 200.000Rp/noche te encontrarás con un reducido, oscuro y húmedo cubículo desde el que podrás disfrutar, si así lo deseas, de una maravillosa ducha mientras devuelves a la madre naturaleza todo lo que tu cuerpo ya no necesita. Sí, en Indonesia en general las duchas carecen de cortinas, mamparas o cualquier otro tipo de separación, de modo que el cuarto de baño se limita a una letrina junto al teléfono de la ducha y si eres afortunado, puede que incluso puedas disfrutar de la pica del lavabo en el mismo espacio.

Alejarse de Bali entraña algo más de riesgo. En Java o Sulawesi, por ejemplo, incluso los hoteles de lujo carecen de separación entre la ducha y el wáter. Algunos warungs (el equivalente a los bares de España) carecen incluso de letrina; mejor me explico. Me ahorraré la imagen para no herir sensibilidades, pero en el centro de Solo (Java central) muchos ‘Toilettes‘ de warung locales se limitan simplemente a una pequeña sala de 2m x 2m embaldosada, con un desagüe (del tipo jardín) y un grifo. Allá tú con tu imaginación. Nadie puede negar que la sensación de libertad es incomparable, y es que poder elegir en cual de las 4 esquinas mear es un lujo solo comparado al de los cánidos. Mejor intenta comer ligero si la carta plagada de picante te lo permite, porque aquí no creo que nadie se pueda permitir el lujo de hacer aguas mayores.

Algo que también debes tener presente fuera de Bali, es que el papel higiénico te lo tienes que traer de casa. Sí, como lo oyes, porque ni siquiera en los supermercados podrás encontrar este bien occidental tan preciado. Así que si viajas con mochila o en moto como es nuestro caso, intentar dejar un hueco libre para cargar con un par de rollos de papel higiénico y tal vez con un paquetito de toallitas íntimas (aunque estas últimas si que podrás encontrarlas en cualquier parte de Indonesia).

5 La comida

Antes de hacer un gran viaje, uno debe averiguar tanto como pueda respecto a su destino, en especial a lo que a comidas se refiere. En el caso de este viaje a Indonesia, desistimos pronto en nuestro empeño, ya que cada fuente que consultábamos nos daba una opinión radicalmente opuesta a la anterior. Que si se come muy bien, que si todo pica, que si solo comen arroz, que comen muy sano, que solo comen frito… como os podéis imaginar, tratar de indagar algo al respecto se convirtió en una especie de misión imposible, así que nos arriesgamos a encontrar lo que tuviera que ser.

De entrada, al llegar de noche a Bali, tan solo pudimos disfrutar de una cena relajada mientras cerraban el restaurante del Hotel, en resumidas cuentas, tan solo nos sirvieron unos sandwiches, todo muy occidental y algo de lo que aseguraban solo tener para una ración: Nasi Goreng. Hasta aquí nuestros miedos, parecía que no tendríamos demasiados problemas si decidíamos comer en algún momento comida occidental.

Al día siguiente, Noemí y yo desayunamos tarde, todo el equipo había salido antes que nosotros, por lo que nadie de los presentes podía echarnos un cable ni asesorarnos sobre que elegir. El poco personal que había en el buffet era todavía de menos ayuda, ya que tan solo había un mozo que no sabía de inglés más que Hello y Goodbye. De modo que decidimos no correr riesgos con la multitud de arroces y aromas que emanaban de las bandejas ardiendo de la sala, y nos tiramos a por las tostadas con miel.

24 horas después ya estábamos en Java.

Aquí pronto descubrimos que la comida indonesia no tenía entre sus platos los Sandwich ni los cereales para desayunar, y que aquello que tanta gracia nos hizo probar la primera noche, el Nasi Goreng, se convertiría en la próximas jornadas en la base esencial de nuestra dieta.

Mi primera comida en Java iba a tener el riesgo justo, craso error. Repetí el error hasta en 4 comidas consecutivas. Al fin encontré la vinculación entre los famélicos pollos de los arcenes con los que servían en los warungs locales. Un minúsculo amasijo de huesos me miraba triste desde el plato, un plato en que el arroz al vapor era todo una bendición, ya que del pollo tan solo se salvaba algo de piel. Por lo menos la decepción me tranquilizó, lo primero que me advirtieron al pisar java fue que vigilara con los pollos, ya que en ls zonas más rurales en ocasiones era complicado conseguir pollos, de modo que servían perro o mamíferos similares, algo mucho más accesible, con más carne, y al parecer de aspecto bastante parecido una vez cocinado. Si, sé lo que estaréis pensando, ¡Que asco…! pero esto amigos es Indonesia, y aquí la gente no tiende a tener mascotas, al menos fuera de Bali, así que escrúpulos los justos a la hora de comerciar con animales que en Europa consideraríamos imposibles de comer por razones éticas. Por suerte creo que superamos la prueba sin recalar en ningún sitio en el que sirvieran algo que no fueran pollos anémicos y arroz pasado.

Tras dos semanas de rodaje regresamos a Bali, donde el picante quedaba en un segundo plano, donde los desayunos eran desayunos y donde al fin, había algo más que arroz a todas horas del día. Nuestro paso por Java y Sulawesi se saldó con varias diarreas entre el equipo y con una intoxicación alimenticia severa del productor que casi nos hace perder un vuelo, nada que lamentar.

Yuca en el mercado de Mojokerto
Un joven vende yuca en el mercado tradicional de Mojokerto (Java central)

Si planeas viajar hasta estas latitudes debes saber las palabras básicas de Indonesio que verás en todos los restaurantes y warungs (bares) locales: Ayam (pollo), nasi (arroz), mie (fideos), goreng (frito), kecap manis (salsa de soja, se pronuncia ‘quechap’), bakso (albóndiga), satai (brocheta), ikan (pescado, debéis preguntar que tipo de pescado en inglés).

El indonesio es bastante sencillo de conjugar, ya que no tienen tiempos verbales ni conjugaciones, de forma que si véis “Nasi Goreng Ayam” es que os servirán “Arroz frito con pollo”, toda una delicia cuando no está picante. Si como yo tenéis problemas con el picante, en la mayoría de lugares del mundo entienden la expresión “no spicy”, aunque ya os advierto que si os disponéis a viajar fuera de las fronteras de Bali, tendréis un problema con el picante, a menos que queráis comer todo el arroz cocido del mundo sin salsa.

Yeray en el arrozal
El último día de rodaje de SexRiders nuestro cámara, Yerai, se atrevió con el cultivo de arroz. Le podéis ver en La 2 de TVE con su documental “Pacifico”. Click en la imagen para ver Pacifico.

Aquí doy por concluidas esta divagaciones de mis primeros 40 días de viaje. Tal vez cuando regrese a casa, con algo más de perspectiva encuentre todavía más cosas que me chocan, pero la verdad es que tras todo este tiempo ya veo normal ver por la carretera motos con tres niños de 10 años sin casco recorriendo largas distancias, o las motos camión cargando cualquier tipo de mercancía sin señalización alguna. Tal vez volvamos a casa y queramos adelantar con linea continua y trafico pesado de cara, tal vez queramos ir a por el pan en moto sin casco, o circular sin camiseta de vuelta de la playa. Quien sabe, tantos son los contrastes que las lineas entre lo correcto y lo incorrecto se han visto difuminadas a más no poder en mi hiperpoblada mente.

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