Tenemos mono, es innegable. Un año ha pasado sin hacer un gran viaje que poder grabar y contar. Los preparativos para la vuelta al mundo (financiación, organización, ruta, permisos, etc) nos están llevando mucho tiempo, y creedme si os digo que preparar una vuelta al mundo desde cero es bastante complejo.

Es Agosto y como buenos autónomos tenemos poco derecho a vacaciones, pero nos encontramos en un punto muerto. España es un país que se paraliza casi por completo al entrar el verano, así que la carretera nos llama. Sentados en el jardín de casa valoramos nuestro presupuesto y las opciones: Castillos del Loira (Francia), París, Marruecos, UK. De repente a ambos nos entra la morriña por una tierra que aun no hemos conocido: ¡el norte de España!

Empezamos a planificar, miramos hoteles, campings, rutas, balnearios… Sigue siendo Agosto y los precios de todo lo que miramos así nos lo recuerdan. Tres días pasamos dando palos de ciego hasta que finalmente ponemos fecha. El día 2 de Agosto nos vamos, sin reservas, sin camping, sin rumbo fijo, con la única finalidad de llegar al noroeste tan lejos como nos permita el dinero. Hemos pactado no gastar más de 450€.

Llega el día, las maletas de Meridian van cargadas de bártulos, algunos de ellos sin sentido. Noemí sigue teniendo la ilusión de plancharse el pelo conectando las planchas a un árbol. Sobre el top case cargamos la enorme maleta estanca de Givi con los sacos de dormir (esterilla incluida), tienda de campaña y aislante. Grabamos la despedida. Error de novato; con todo el sol cayendo sobre nosotros decido quedarme con la chaqueta puesta. Antes de salir ya corren ríos de sudor por todo mi cuerpo.

planduguays

Nuestro primer punto de referencia en la ruta es Pont de Suert. Deseamos recorrer parte de la carretera Transpirineica (dejamos el Off-Road para cuando Isaac Feliu nos quiera hacer de guía) obviando la parte mediterránea y dejarnos seducir por por la belleza de los Pirineos una vez más. Como de costumbre nos da el hambre antes de llegar al objetivo marcado, así que nos detenemos en el centro de Tremp (Cataluña) a comer en un restaurante plagado de moteros, a los que saludamos rigurosamente. Tras el primero, un estruendo nos sobresalta, la iglesia de la población mantiene viva la tradición de los pregoneros, aunque en versión 2.0, con altavoces a todo trapo. Muy curioso sin duda.

Tras la comida y el merecido descanso, nuestros cuerpos nos recuerdan que estamos algo oxidados, tanto tiempo tras un ordenador nos ha agarrotado y ahora mataríamos por una cama, pero la carretera nos reclama. Todavía no hemos alcanzado la transpirineica y ya nos están dando las uvas. Sin haber reparado en ello descubrimos que Pont de Suert está a la vuelta de la esquina, de manera que enseguida estamos atravesando los Pirineos en dirección oeste. Nuestro objetivo de hoy es llegar a Pamplona o por lo menos entrar en Navarra; sabemos de antemano que es imposible, pero no nos agobia la idea de no alcanzar las metas ya que la única meta real que nos hemos puesto ha sido: hacer lo que nos pida el cuerpo e ir a donde este nos lleve.

Paramos en las afueras de Ainsa (Aragón) cuando Noemí decide dejarme sordo por el intercomunicador al ver una frutería. Compramos manzanas, ciruelas y uvas. La fruta es de esas cosas que tan solo como estando de viaje o cuando tengo un buen empacho; hoy tras la parada en Tremp se unen ambos condicionantes y devoro una manzana con tremendo placer. Debatimos sobre nuestras posibilidades de abandonar Aragón esa misma tarde, toda esperanza se ha desvanecido, pero mejor, así deberían ser todos los viajes: sin horario.

Un par de horas después nos detenemos en Fiscal (Alto Aragón), visita al baño y nuevo debate sobre el destino. Ahora sí que la realidad se cierne sobre nosotros: está anocheciendo. El pueblo está lo suficientemente incomunicado como para obligarnos a pedir el Wi-fi en el Bar. Buscamos a tientas a nuestro alrededor. Algunos kilómetros siguiendo la carretera hay lo que parece un camino de cabras lo suficiente aislado como para acampar con seguridad. Reemprendemos en busca de nuestro primer hotel natural. Al llegar vemos una enorme cadena de hierro bloqueando un infranqueable camino de ascenso, imposible de escalar con la moto cargada hasta los topes. Seguimos. Nuevo camino. Mismas condiciones. Acercandonos a Sarvisé y con los dedos cruzados con la esperanza de encontrar una habitación libre en la casa rural que nos acogió en la última BMW Riders. Vemos de repente a nuestra izquierda una enorme planicie con varias autocaravanas aparcadas a sus anchas. Media vuelta y hacia allí nos dirigimos. Nos sorprende la cantidad de caravanas que hay a la entrada de la enorme esplanada plagada de moñigas de vaca. Tras explorar un poco la zona, Noemí a pie, yo a lomos de Meridian, encontramos un espacio tranquilito y libre de excrementos de animales en el que plantar la tienda.

Llanos-planduviar

La noche se empieza a cerrar, de manera que mientras Noemí hace yoga en mitad de ese paraíso natural, yo me dedico a averiguar dónde estamos. El lugar: Llanos de Planduviar ( 42°33’34.47″N   0° 7’6.05″O ). Desconocemos la legislación respecto a la acampada y las barbacoas en este lugar, pero sin duda es un lugar espléndido si queréis hacer una escapada natural al Pirineo aragonés con o sin familia, ya que incluso tiene un campo de fútbol.

Con la tienda montada, nos sentamos en la puerta sobre la toalla de playa a cenar contemplando como el sol poco a poco se va escondiendo entre los valles que tenemos enfrente. Es imposible no sonreír en un lugar así. La felicidad nos llena, y es entonces cuando Noemí me susurra bajito la frase que se convertiría en nuestro mantra durante todo el viaje y que seguro nos acompañará el resto de nuestros días: “Podría vivir así toda la vida, con todo mi mundo en una mochila”.

Nos acostamos con la certeza que el amanecer nos recibirá con la tienda y la moto cubiertas de rocío, pero eso, es preocupación para otro momento.

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