(Continuación de “Oda a un orgasmo veneciano (I)” )

Atrás quedan los tiempos de una Venecia con una gran tolerancia sexual. En la actualidad, la situación es muy diferente. Nos dirigimos nuevamente a la estación de tren de Venecia, para reunirme con Giacomo Cerniato, un joven empresario con su propio B&B a las afueras de la concurrida ciudad. Mientras esperamos, disfrutamos de las vistas que ofrece este curioso paraje: un tío en calzoncillos con un vestido de rejilla en negro, una peluca rubia y maquillado. A su alrededor, todo un séquito de amigos borrachos le retan a realizar tórridas pruebas con las turistas que pasan asustadas. Giacomo no tarda en aparecer y su físico me impacta. Es el primer italiano con un aspecto tan vikingo que no parece en absoluto mediterráneo, más bien, nórdico. Sus ojos son muy verdes y su pelo rubio engaña con la luz del sol. Los mofletes están teñidos de un rosado permanente, aquellos que dan ganas de achuchar. Es guapo pero no para las italianas. Tal y como afirma, no liga en exceso ya que, ellas los prefieren morenos y muy atléticos. Y él es blanco y muy delgado.

Su es perfecto inglés viene acompañado por una voz tan suave y equilibrada que dan ganas de escuchar durante toda la tarde. ¿Lo mejor? Que así sucedió.

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Nos sentamos a los pies de la iglesia San Simeone Piccolo, justamente al otro lado del canal. Y sin más, empezamos a hablar sobre la sexualidad italiana.

– Por fin vas a saciar mi curiosidad. Directamente, te pregunto: ¿por qué los italianos son tan latin lovers? – dije.

– Es muy sencillo. A los italianos nos gusta jugar con todas las mujeres. Lo hacemos simplemente por gusto. No pretendemos tener una relación más allá del flirteo. Nos encanta la sensación de seducir a una mujer y jugar con las miradas, las sonrisas y las palabras. Por eso, tenemos la gran fama de ser muy ligones.

– ¿Y cómo se lo toman las italianas?

– A ellas no les gusta. Las italianas son extremadamente asustadizas y posesivas. A veces, cuando estoy en un bar y me acerco para hablar con alguna chica que me llame la atención, en seguida te responden mal y te evitan. Aunque simplemente quieras mantener una buena conversación, no te dan la oportunidad. En el extraño caso de que te dejen estar con ellas y en el remoto momento en que la cosa pueda ir a más, se lo toman como algo serio, algo para toda la vida. No saben tener relaciones esporádicas y les cuesta mucho llegar al sexo, a no ser que estén seguras de que van a tener algo serio contigo. Sino, se sienten muy mal y se castigan mucho. – añade Giacomo.

– Había escuchado que existía una doble moral muy importante en Italia pero no sabía que se llegara a tanto.

– Sí. En Italia, la presencia de la Iglesia tiene mucho, mucho poder. Piensa que tenemos muy cerca el Vaticano y controlan una gran parte de la cultura italiana. Pero la sociedad, no es consciente. A las chicas se les castiga por tener relaciones sexuales esporádicas y por ello son tan extremadamente posesivas. Si has tenido algún affaire con alguna, ya creen que serás su pareja. En el sur de Italia la cosa es mucho peor y muchos jóvenes llegan al matrimonio siendo vírgenes. Todo ello mezclado con una falta de educación sexual en la sociedad.

Me llamó la atención la “falta de educación sexual”. En España, tampoco somos pioneros en ese aspecto, pero sí que conozco a mucha gente que ha soportado una charla sexual de algún familiar y, estoy segura de que tú también tienes a algún amigo que lo corrobore. Pero en Italia, según Giacomo, es impensable que los padres puedan hablar de sexo con sus hijos. ¿Cómo reciben esa educación, pues? A través de los amigos que experimentan por primera vez el sexo o a través de la pornografía. Por ello, los italianos son famosos por no prestar demasiada atención a la mujer en el sexo.

– ¿Existe una presencia de Sex-Shops en Venecia? – pregunté

– Bueno, es algo complicado. Aquí los llamamos “Sexy Shops” y su presencia es muy parecida a la doble moral que se vive. Existen, sí, pero no como tienda convencional. Puedes encontrar un local que ponga “Sexy Shop” pero en su interior sólo encuentras una máquina de vending con todo tipo de juguetes eróticos y pornografía. Esto ocurre porque al comprador le da vergüenza que haya un dependiente en la tienda erótica. Pero, por otro lado, encuentras aquí, en Venecia, Sexy Shops con un vitrina muy oscura y con una segunda entrada para que nadie vea quién accede a ese lugar.

– Pues sí que ha hecho daño la doble moral. – dije.

– Fíjate si ha llegado lejos que la conocida película americana Brokeback Mountainse emitió en Italia a altas horas de la madrugada y lo mejor, ¡censurada! Eliminaron muchas escenas tórridas entre los dos amantes por considerarlas de contenido inapropiado.

– ¿Contenido inapropiado? Vaya, ¿la censura está a la orden del día? – pregunté.

– Sin duda alguna. Otro caso muy sonado fue la censura de un anuncio de televisión de la marca Amica Chips, protagonizado por Rocco Siffredi, el conocido actor porno. En él, se veía como Rocco hablaba sobre las “patatas” mientras comía unas chips. En italiano, “patata” alude a la parte íntima femenina. Claro, ver como Rocco Siffredi hacía apología de una broma sexual, no gustó nada. El anuncio no duró ni un día y ya fue censurado por la API.

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El silencio en nuestra conversación estuvo presente. Supongo que estaba digiriendo todo lo que había dicho Giacomo y cómo había cambiado la sexualidad del siglo XVIII a la del siglo XXI. Por supuesto, a peor. La censura y la doble moral estaba causada por el papel que ejerce la Iglesia en este país. Las mujeres son las que reciben el castigo social, estando muy mal visto que una mujer se masturbe o tenga relaciones sexuales esporádicas con un hombre. Por ello, muchas cuando se casan, desarrollan un instinto de posesión hacia el hombre. Algo razonable cuando los hombres italianos ven la seducción como un pasatiempos, un juego.

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La amena charla con Giacomo vio el atardecer que, de repente, invadió toda Venecia con un misterioso tono anaranjado. Los canales reflejaban la cálida luz en sus aguas y, la gente, paseaba tan tranquilamente por su alrededor. Mientras, escuchaba atentamente cada palabra que pronunciaba el italiano vikingo y pensaba en cómo se desmadran las italianas cuando vienen a España. Es comprensible, su país y su moral están a varios kilómetros de distancia.

– Finalmente, Giacomo, ¿cuál es el mejor sitio para hacer el amor en Venecia? – pregunté.

– ¿El mejor sitio? Veamos… ¿Mi cama?

Una carcajada nerviosa se precipitó por mi garganta a la vez que Giacomo se reía, victorioso de su contestación.

– Vale, acabas de demostrar que eres todo un latin lover. – añadí.

– Ahora en serio, Venecia tiene rincones increíbles para hacer el amor. Al anochecer, puedes ver como muchas parejas empiezan a perderse por sus oscuras callejuelas para tener su momento pasional. Por ello, el mejor sitio para hacer el amor en Venecia creo que son sus calles, muy poco concurridas y alejadas de los lugares principales más turísticos.

La noche reinó en Venecia y Giacomo nos propuso ir a tomar unos Spritz un tanto satánicos a un bar muy típico de la ciudad. No solo nos tomamos uno, sino que casi llegamos al tercero. Menos mal que tengo poca reputación que mantener.

A medianoche nos despedimos y fuimos a buscar a Meridian. El parking ya no tenía tanta gracia; estaba medio vacío y los motoristas entraban y salían sin problema. Qué decepción.

Llegué al hotel dispuesta a brindar por Venecia, pero de una forma muy particular. En vez de levantar la copa, se elevaría mi clímax disfrutando de un orgasmo en esta misteriosa ciudad, dedicándole, al mismo tiempo, unas palabras entrecortadas:

“Por tu tolerancia sexual en pleno siglo XVIII, por la represión que actualmente ejerces.”

Allá voy.

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