¿Alguna vez habéis conocido a una persona a la que realmente admiráis? Yo sí. Tras ver sus vídeos por Youtube y seguirlo desde hacía tiempo, conocí a Charly Sinewan en los BMW Motorrad Days 2014. Lo vi charlando con alguien, al lado de una BMW roja, y tocándose el pelo a cada segundo. Me hizo gracia y al mismo tiempo, pude ver la realidad de una persona a la que mi mente la concebía de forma virtual. En estos tiempos que corren, viendo cada día vídeos en Youtube de quién sea, cuando ves a alguien en persona parece que lo conocieras de toda la vida. Pero él a ti no.

Realizó su conferencia un tanto nervioso y con una gran dosis de humor. A todos nos dejó prendidos en mitad de aquella sala, escuchando sus aventuras en ese momento, ese lugar, con él delante. Me llamó la atención un aspecto curioso de Charly Sinewan: se ríe solo. Cuando muchas personas tenemos ese miedo a reírnos y que quede nuestra carcajada solitaria en el aire, retumbando una y otra vez; Charly se ríe solo donde sea y con quien sea. Y es ahí cuando te das cuenta que Carlos García es un lobo solitario.

Cuando acabó la charla me acerqué a él entre una multitud de moteros y moteras que lo abrazaban y se hacían “selfies”. Llegué sin vaselina y me presenté. Curiosamente ya me conocía. Benditas sean las redes sociales y las fotos de perfil en Facebook. Mi discurso se quedo cortado por la mitad. “¡¿Charly Sinewan me conoce?! ¿De qué?”. Todavía sigo pensándolo. Le pregunté si podía realizarle una entrevista para un proyecto que se lanzaría a final de año. Aceptó encantado, con su sonrisa permanente. Me dio su número de teléfono (morid de envidia) y se despidió de mí, buceando en un mar de abrazos y preguntas moteras por donde se mirara.

El día de la entrevista hacía frío y llovía. Charly estaba en la carpa de Touratech, hablando con gente, siempre rodeado. Lo rapté y fuimos a un bar donde pudiésemos estar calentitos. La presencia de Sinewan no se puede describir. Sabes que te absorbe y eres consciente de que lo está haciendo, pero te dejas llevar. Su energía es tan fuerte y decidida que no puedes luchar contra ella. Sólo aceptarla y dejar que fluya. Su pelo se entromete con facilidad entre palabra y palabra, algo a lo que Charly ya está acostumbrado y lo coloca temporalmente detrás de su oreja. Cuando habla, Charly Sinewan te mira a los ojos. Cuando hablas, Carlos García te mira a los ojos. No hay más. No mueve ni desvía la mirada hacia ningún factor externo que pueda desconcentrarle. Eres tú, sus ojos y él. Te absorben de tal forma que no puedes mover tus ojos hacia
ningún otro lado que no sean los suyos. Sabes que sonríe porque se le forman unas arruguitas alrededor que complementan su simpatía y su edad, claro está.

Pero si hay algo que realmente me sorprendió de este motero intrépido, son sus abrazos. Abraza a todo el mundo, sea quien sea y aunque no te conozca de nada. A mí me abrazó y me abraza cada vez que coincidimos. Y a ti, también te abrazará. Es algo que hay que tener presente siempre. La primera vez que lo hizo fue muy chocante porque pensé que me daba dos besos protocolarios pero no, se paso el protocolo social por el paquete y me abrazó. Fue un tanto forzado y me supo fatal. Duró ¿2 segundos? y se acabó. Me había pegado una patada en la boca a mí y a toda la sociedad. Abrazar sin conocer no está bien visto, porque entran en tu espacio personal. Pero ¿hay algo mejor que el contacto con el ser humano? Ahora ya sé que Charly Sinewan me abrazará y me preparo para darle un buen achuchón. Porque de esa sencilla forma se ha ganado toda mi confianza, respeto y admiración. Simplemente entrelazando sus brazos con los míos. A partir de ahí empecé a pensar en nuestra sociedad, en quién nos dicta que dos besos es “lo que se debe hacer”.

Entre otras muchas cosas que pude descubrir de Carlos esa misma mañana fue el significado de “Sandiriam”. No sé qué moto os han vendido a vosotros, pero “sandiriam” no significa el idioma chungo que habla nuestro motero. No, la cosa va más allá. Lo deduje por mí misma, cuando reflexioné sobre nuestro encuentro. Sandiriam son sus ojos clavados en los tuyos y observando cómo se ven las palabras en tu mirada, es un complejo abrazo que abarca romper con la llamada distancia personal, es engancharse a su sonrisa cuando ves sus arruguitas o cuando se ríe solo y te das cuenta de que la sociedad nos ha inculcado demasiados miedos y vergüenzas. “Sandiriam” es su corazón inquieto, incapaz de estar en un sitio con alguien más de 3 horas; es su pelo entrometiéndose en una conversación y cerrando el ángulo de su mirada. “Sandiriam” es la esperanza que Charly Sinewan siembra en nuestro interior, mostrándonos que somos totalmente capaces de vivir nuestros sueños, la aventura, lo que queramos. Pero vivir. Ahora.

Gracias por estar ahí.

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