Hace unas noches, una de esas en que intento dormirme mirando el enorme mapamundi que a modo de autoflagelación he decidido colgar en la cabecera de mi cama, estaba yo imaginándome visitando esos paisajes y lugares remotos en los que tantas veces he estado (o deseado estar) gracias a National Geographic.

Una y otra vez me veía en un paisaje u otro; recorriendo una gran urbe americana o un extenso desierto asiático, en una selva del sudeste asiático o en un poblado remoto de centro-África y de manera reiterativa una pregunta me torturaba por dentro: ¿Por qué no puedo ser un descubridor?

No está entre mis cualidades la idolatría. No idolatro a nadie y la admiración es algo que suelo medir con pie de rey. Pero no cabe duda que todos nosotros, alguna que otra vez, hemos envidiado a Cristóbal Colón ‘descubriendo’ América, o a Magallanes ‘uniendo’ el Atlántico con el Pacífico.

Pero, ¿realmente descubrieron algo?, ¿acaso no estaba América en el mismo sitio cuando Colón no era más que un niño de teta? ¿Tal vez el Atlántico y el Pacífico no estaban unidos antes de llegar Magallanes?

Aún a riesgo de parecer presuntuoso, y sin querer desmerecer a nadie (hacer esos viajes en los cascarones sobre los que navegaban tenía valor), me parece un tanto desproporcionado, o como mínimo, sesgado el término “descubridor”. Sí, en Europa no teníamos ni idea de la existencia de de América, ni las cartas náuticas europeas incluían ninguna referencia a la unión de océanos ni tan siquiera la menor idea de que la tierra pudiera ser esférica.

Todo se debe, como siempre, al punto de vista. Dicen algunos expertos historiadores que, años antes de que Vespuccio avistara América, los Vikingos ya habían instalado en sus costas un campamento, pero nadie atribuye el descubrimiento a ningún nórdico de pelo rubio con cuernos en la cabeza; tan solo por el hecho de que la cultura nórdica no se considera en la historia reciente como cultura o conocimiento europeo, o tal vez porque los nórdicos no eran por la época, una potencia digna de respeto.

Siempre depende del prisma con que se miren las cosas. Los indios americanos tenían su propia cultura pero tuvo que ir un genovés a descubrirlos. Si a eso hace referencia el término “descubridor”, ¿por qué entonces no puedo ser yo un descubridor?

Quizás de nosotros y de nuestros descubrimientos no vaya a pender la historia de la humanidad, pero tengo algo muy claro: ¡nadie me va a arrebatar mi título de ‘descubridor’! Puede ser que solo haga descubrimientos para mí o para los míos, posiblemente muchos de los que veáis o leáis nuestros descubrimientos ya los conozcáis de antemano, pero no por ello vamos a dejar de descubrirlos de nuevo.

Descubridortexto

Cuando nació Two and the Road, nuestra misión era muy clara: queríamos descubrir el mundo. Queríamos que este mundo que la mayoría estamos acostumbrados a ver sobre papel o en las pantallas de nuestros ordenadores se convirtiera en un lugar tridimensional lleno de vida; maravillarnos con las culturas más remotas, convivir con ellos y por qué no, descubrirlos de nuevo sobre otro prisma diferente: el nuestro.

Esa es la maravilla de los viajes. En cada uno de ellos te conviertes en ‘descubridor’, conoces nuevos lugares, nuevas culturas y nuevas personas.

Yo por el momento, voy a ir modificando mi Curriculum Vitae,

Alberto Frost: Descubridor.

“No sigas el sendero.
Dirígete en cambio a donde
no hay sendero y deja una huella”

Ralph Waldo Emerson

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